lunes, 5 de marzo de 2007

La iniciación

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, estaba emocionada, aturdida, después de tantos años de deambular por diversas tradiciones en una búsqueda constante en este camino casi incierto. Nada fue fácil, incluso en estos tiempos, en este siglo donde las brujas ya no son quemadas en la hoguera.

Después de años, logré ver que la tradición que fuera siempre me llevaría al mismo lugar, pero opté por una, la que más me recordaba a mis antepasados, la tradición de la luna.

Llego mi tan anhelado día de mi iniciación, había un sol esplendoroso, no quise que asistiera mucha gente, solo tres personas sumamente importantes en mi camino, mi maestro y amigo Eduardo, mi amigo Gabriel y mi hermana, compañera de tantas vidas Rayén, fue un día que comenzó con mucho relajo y hasta emoción, mi familia sabia que era un día especial y a pesar de no entender mucho mi camino lo respetaron y aceptaron.

Llegamos cerca de las montañas, en plena naturaleza, donde debía estar en comunión con los elementales y con mis antepasados. Fue un ritual sencillo, pero lleno de magia y de vida, detrás de otras vidas, con un gran camino recorrido… mi maestro conjuró mis herramientas bajo dos tradiciones, y a pesar de seguir solo una de ellas, la otra igual esta presente en algunos momentos.

Comenzaron a sonar los tambores, mientras yo me retiraba a estar en comunión y al encuentro de mis maestros que esperaban por mi, tracé el circulo como de costumbre y comenzó la invocación, entre en una especie de trance, que jamás había conocido, comencé a llamar a cada elemento, los mismos que en otras transiciones ya habían estado a mi lado, el fuego de la hoguera comenzó a arder, el viento comenzó a soplar cada vez de forma más intensa, el agua corría como un torrente tempestuoso a mi lado, la tierra se levantaba junto al viento mostrando su presencia y el espíritu, reinó en mi… llegaron las ninfas y los seres del bosque a acompañarme, olvidé por completo el tiempo, que por un momento sentí paralizarse, detenerse, al igual que las agujas de mi reloj, de pronto todo el ruido se hizo silencio y sólo se mantuvo el sonido de los tambores y las voces que no paraban de hablar en mi cabeza y sin darme cuenta estaba bailando la danza del mundo y vibraba junto al planeta. De pronto comencé a ver a gente acercarse hasta mi, venían sonrientes, con las manos extendidas en muestra de recibimiento, eran personas que alguna vez había visto en mis sueños, y comenzaron a danzar a mi alrededor, de pronto el día se hizo noche y la luna se posicionó arriba nuestro, la hoguera ardió aún más fuerte y todos comenzamos a danzar en su entorno, parecía la danza alrededor de los fuegos de Belthane, pero estaba con mis ancestros, con mis hermanas, y allá, al otro lado de la hoguera un hombre, que me observaba, sus ojos brillaban, un brillo hermoso que me conmovió y de pronto me paralicé, era él, mi otra parte que se mostró ante mis ojos, pero estaba como hipnotizada por la danza, no podía dejar de hacerlo y los tambores sonaban aún más fuerte, entre el ruido y la danza él desde el otro lado pronuncia mi nombre “Farah”, su mirada era familiar, sus ojos inundaban mi alma, quería acercarme a él y decirle que lo había reconocido, pero una mano tocó mi hombro y me devolvió del trance, sus palabras fueron “es hora de volver, ya eres parte de la tradición de la luna, aún tienes un largo camino por recorrer, hasta su encuentro…”

Desde ese día soy Farah, recorriendo un largo camino, en búsqueda de encontrar esos ojos… siguiendo la tradición de la luna, como representante del anima mundi… “El alma del mundo”.