Se ha hecho un habitual durante las últimas semanas hablar de amor, nos pasamos horas con un café y un cigarrillo hablando de la vida y de los caminos que hemos escogido, ya sea de forma conciente o simplemente por que en algún momento tomamos un camino que nos condujo a ciertas circunstancias, ley de causa y efecto.
Nos hemos pasado los días conversando y tratando de comprender el por qué de las cosas, y simplemente muchas veces luego de tanto hablar vemos que la respuesta la tenemos desde hace mucho tiempo en nuestro corazón y simplemente no la hemos dejado salir de ahí, quizás por temor afrontar nuestra realidad.
He intentando dejar de cuestionarme y simplemente dejar que el tiempo me indique el camino a seguir, manteniendo la cordura y la calma de las cuales acostumbro a desapegarme con bastante frecuencia, siendo impulsiva y dejándome guiar por mi corazón que en más de una ocasión me ha llevado al borde del precipicio en nombre del amor.
Amor, esa palabra que desata locura y desenfreno, en su nombre se han librado grandes batallas, hombres y mujeres han muerto en su honor y otros simplemente se han dejado vencer por el, pero hay quienes, como yo aún buscamos encontrarlo ya sea en este plano o en uno superior donde las trancas, las desilusiones y el dolor no existan.
Hoy leía un mensaje de un conocido, que me hablaba acerca de la soledad en la cual muchos hoy en día estamos sumidos, ya sea por decisión propia o de forma circunstancial, y claramente muchos de nosotros hemos escogido ese camino, pero sin embargo también sentimos ese vacío de no tener a nuestro lado alguien que nos acompañe y camine a nuestro lado, y sentimos la constante necesidad de amar y ser amados.
Dicen que el amor es la base de toda nuestra existencia, a mi más bien me parece que además es una eterna lucha que libramos a diario, la que nos ha provocado las heridas más grandes, pero también los momentos más dichosos de nuestra pequeña existencia.

